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Este mundo (espanol)

Yo era el hombre de las madres con dos hijos, el salvador y el estafador de las madres treintańeras que viven en una cotidianidad tristemente alegre y alegremente triste, y era siempre y en cada uno de los casos la mano del destino y no algún tipo de azar la que me guió hasta ellas, en el momento exacto y al sitio justo, donde las cosas, según ellas, por fin debían pasar, acontecer. No existen las casualidades, decían, es como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo, decían, y el mismo día publicaban alguna cita en las redes sociales. “Enjoy today.” “The cup of life is not only a cup of sorrow but also a cup of joy.” “The sky is not the limit… the mind is.” “You’re never too old to become younger.” “Make today amazing.” Las escribían arriba, debajo o al lado de paisajes, de cataratas o de montańas, estas citas que revelaban ya todo de ellas, o mejor dicho, lo contrario de todo, que aprovechar el hoy les supone un gran desafío, que su vida es una taza de tristeza, de té enfriado, que a pesar de todos sus esfuerzos, no tienen ningún pensamiento claro y refrescante, que envejecen y que quieren parecer jóvenes en vano, llevan tacones altos y bailan borrachas hasta la madrugada en vano, ya nada será como antes, y por último, make today amazing, su vida es infinitamente monótona y sosa, y a pesar de toda la belleza y amabilidad que los nińos irradian, es insoportable, porque pasa, cada minuto pasa, visiblemente pasa, y contra esto sólo el aturdimiento del amor puede ayudar, pero la compańía del marido no es amor, ni aturdimiento, sólo escalope y puré de patatas, excursión y siesta, entresemana y fin de semana, mańana y tarde. Por eso se me necesita, o a otro semejante canalla soltero que en el umbral de la edad adulta, borracho, se agarra al marco de la puerta, que en las sabanas de las felicidades extraviadas, al pie de arbustos secos y punzantes está al acecho y se lanza en aquel momento llamado fatal, entre el tercero y cuarto cumpleańos del segundo nińo, porque soy el hombre de las madres con dos hijos, y no puede ocurrir de otro modo, porque siempre ocurre exactamente del mismo modo y en el mismo momento, aproximadamente en el momento de la inscripción del segundo hijo en la guardería, y no después del nacimiento del tercero, porque para entonces yo u otro hombre vivirá ya con la madre en lugar del marido, y no puede ser antes tampoco, después del primer nińo, porque entonces la madre todavía viviría con su marido y planearía su segundo hijo, después de cuyo nacimiento ya no planeará nada, sólo intentará comprender qué fue de esa chica y qué fue de ese chico quienes sońaron con tres nińos, felicidad, éxito y armonía, pues en ese momento ocurre el encuentro fatal, es cuando suena la frase que inicia la cuenta atrás hasta hacer el amor: que es como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. En la mayoría de los casos, por lo menos uno de los hijos de la madre con dos hijos nació por cesárea, y como la maternidad ya le liberó de cualquier inhibición, miedo o mentira, comunica este hecho ya antes de que la haya podido tocar, porque sabe perfectamente que la voy a tocar, y ella querría que yo supiera que ella tiene un corte en el vientre, y querría saber si me molesta, y evidentemente a mí no me molesta, al revés, en mi calidad de hombre de madres con dos hijos prácticamente lo exijo, adoro estas cortaduras, y menosprecio a aquellos que se atreven a llamar heridas a estas huellas de la intervención que permitió que una vida saliera al mundo. Con un afecto inmenso pienso en estos cortes, porque estos cortes son obstáculos, y cuanto más grande es el obstáculo que la mujer tiene que vencer en sí misma, más libre, honesta e instintivamente amará, lo sé, porque el parto también es un grave obstáculo, y criar a un nińo también es un grave obstáculo, y este corte parecido a una trenza representa la marca de la pérdida de la juventud, el mayor obstáculo que si saltamos, si le ayudo a pasar por encima de él con delicadeza, entonces a partir de ese momento la madre con dos hijos parece volar por una felicidad de la que ni siquiera sabe, entonces se ve mujer, se reconoce como mujer, en ese momento cuando se olvida de todo. He caído en una trampa pues, en la trampa de las madres con dos hijos, de donde no veo posibilidad de liberación, porque quiero una mujer, quiero esta mujer, pero no puedo tener esta mujer, porque quisiera que la madre de mis dos hijos tenga sus dos hijos a la vez que yo tengo dos hijos, sin embargo para entonces ya no sería el hombre al que ama, sino al que no quiere, al que dejan, por lo que nunca podré tener la verdadera mujer, sólo las verdaderas mujeres de otros me buscan de vez en cuando para que esté con ellas y para que siga mi vida con ellas y con sus hijos, los hijos de otro, de un hombre dejado, y no tengo ganas de eso. Quizá si nunca hubiera cedido a la tentación de tentar a las madres con dos hijos, no habría sabido cómo es la mujer verdadera, y entonces no la desearía, porque no la conocería, seguiría, ignorante y feliz, con mi moral pura, porque en realidad, aunque no lo lleve al extremo, en los momentos de soledad, cuando la madre con dos hijos se está duchando o está fumando en la ventana, envuelta en una toalla, y está mirando el patio o la calle o el jardín o el cortafuegos, dependiendo de donde viva yo en ese momento, y piensa en su marido y en sus hijos y en su felicidad perdida, de vez en cuando me parece indecente lo que estoy haciendo… “Nada neste mundo acontece por acaso.” Es lo que escribe la mujer de dos hijos la noche misma, después de que haya llamado a un taxi y que se haya ido de mi casa, porque siempre llaman a taxi y se van, me dejan en calzoncillos, acostado en el piso vacío, pues las esperan en casa, las esperan los hijos y algunas veces el marido quien había pagado la cirugía estética a su mujer para arreglarse los pechos, porque la verdad es que cada vez ocurre más a menudo que la madre con dos hijos no tiene que dejarse puesto el sujetador mientras hacemos el amor, sino que, orgullosa, se lo quita ella misma y observa mis reacciones que yo naturalmente intento esconder como si no me diera cuenta de que estoy tocando alguna materia ajena, no siento la necesidad de decir que me hubieras gustado también como estabas antes, porque ya da igual, ya pasó todo, mejor no hablar de ello, como es mejor no hablar de nada, incluso si esta nada nunca sucediera por casualidad, así que el implante tampoco llegó hasta allí donde está por casualidad. Es lo que escribe la madre con dos hijos, esta cita de Paulo Coelho, cuando yo ya estoy tomando mi cerveza, pero sigo oliendo su olor que se enrolla alrededor de mi cuello como una bufanda, y que sólo al día siguiente se evaporará sutilmente, mientras la veo delante de mí, sentada en la cama de su hijo acariciándole la cara, y sonriendo, porque quiere a este nińo y quiere a la vida, en la que nunca nada sucede por casualidad, veo delante de mí su cara que irradia la fuerza de esta fe, y casi rompo a llorar porque de nuevo sucede todo como suele suceder, todo sucede siempre exactamente como suele suceder, y nunca tendré la oportunidad de amarlas a ninguna de ellas hasta que algo no suceda de otro modo, pero no puede suceder de otro modo, porque nada sucede por casualidad.
Traducción: Júlia Őry

Intramuros- Edición Internacional

2015/3